“¡ARRODÍLLATE!” ME ORDENÓ EL MAGNATE. Arrojó una Coca-Cola a la cara de una camarera por diversión, pero no imaginó que la ciudad me convertiría en su peor pesadilla y marcaría el inicio de su caída. ¿Puede la dignidad vencer al poder?
La orden no fue a gritos, pero bastó para congelar el ambiente alrededor de la mesa número 7. No era…